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No uso WhatsApp y esto aprendí

Ante la constante pregunta que me hacen con ojos desorbitados y mirándome fijamente, escudriñándome como si fuera un alienígena, cuando he respondido que NO USO WhastApp; me propuse hacer esta nota para dejar por escrito algunas cosas que pienso del tema y así dejar una respuesta a las preguntas ¿No usas "guasap"? entonces ¿Cómo te comunicas?

WhatsApp nunca me ha gustado ni poco ni mucho. En parte porque siento que ha corrompido lo que considero que es lo mejor de Internet: la capacidad de hacernos volar, de lograr que descubramos un poco mejor la tierra indómita que hay más allá de nuestra casa. Cuando comencé a navegar en los 90 me pareció fascinante el mundo que se abría en la pantalla de mi recién adquirido portátil, un NEC con disco duro de giga y media y 16 MB de RAM ¡Toda una máquinota para la época!

Entonces estudiaba mis especializaciones y pasaba horas visitando webs algunas tan exóticas de la India y el Ayurveda, o de las escuelas chinas de Acupuntura o las que presentaban a las Terapias Alternativas como lo mejor para aliviar dolencias, también escuchaba emisoras de radio en idiomas que no entendía, miraba vídeos explicativos de algunas terapias o leyendo a blogueros con los que en alguna ocasión terminé compartiendo un café.

Este popularísimo servicio de mensajería y en menor medida Facebook han estrechado para muchos el ángulo de visión de Internet. Muchas conexiones a la red desde el telefonito se producen desde las aplicaciones que abren las puertas a estos dos servicios, lo que está potenciando algo que podría llamarse el Internet cercano. Aunque esto tiene cosas muy positivas, la intensidad con la que se produce el fenómeno creo que es empobrecedora. El celular paradójicamente se convierte en algo que impide a nuestra mente ir un poco más lejos en nuestro día a día.

Facebook compró hace un par de años WhatsApp. Después de la compra de WhatsApp por parte de Facebook, por la cantidad de $ 16 billones de dólares, muchos se han mostrado preocupados por el asunto de la privacidad. Es que, según alega Facebook, no van a cambiar nada en la plataforma, pero nadie paga $ 16 billones porque nada cambie. ¿Te has preguntado que estarán haciendo con tus datos y conversaciones? A partir de esa compra comenzaron a pasar cosas extrañas. Un mes después de que sus creadores hicieran esa venta multimillonaria se implantó el doble check, que es el equivalente en el mundo de la mensajería instantánea, al burofax en el mundo judicial. Cuando los dos iconos azules aparecen en una pantalla comienza una cuenta atrás, invisible pero palpable, para que respondas al mensaje.

Cuando envías un mensaje por WhatsApp, el servicio muestra 2 tipos de notificaciones: «Enviado» y «Recibido». Todo bien hasta aquí, pero luego decidieron incluir «Leído» e «Ignorado» lo que hace sentir muy mal a la persona que envió el mensaje. Ponte en esta situación, si le escribieras a tu pareja y WhatsApp te responde «Leído» e «Ignorado», ¿qué pensarías? Claro (me dirán ustedes) que es posible desactivar esa función que viene activada por defecto yendo a (ajustes/cuenta/privacidad/confirmaciones de lectura). El problema es que como su uso es mayoritario uno termina siendo un bicho raro si decide que los demás no puedan enterarse si ha leído o no sus mensajes. Así que WhatsApp ha pasado de ser una aplicación que permite enviar mensajes a ser una aplicación que casi te obliga a mandar mensajes. Los grupos también son uno de los principales ganchos para obligarnos a mirar a la pantalla y teclear. Entre otras cosas porque es posible saber quién ha leído los mensajes que enviamos y quién no. La espiral del silencio en estado puro.


Hace muchos meses atrás recién salió la aplicación, quise probarla para poder hablar con "conocimiento de causa" y entonces comencé a percibir que algo extraño sucedía con WhatsApp. Varios amigos que no son precisamente fanáticos de la tecnología comenzaron a usarlo cada vez más. Algunos incluso con una intensidad que me sorprendió. En ocasiones tenía la sensación de que sus mensajes no parecían escritos por ellos. Además WhatsApp brinda poca seguridad. Hace un tiempo cualquiera con la aplicación Whatsapp Sniffer podía leer tus mensajes con total claridad y a pesar de que esto ya se resolvió podemos decir que la aplicación deja mucho que desear en cuestión de seguridad. Puedes encontrar más información en un artículo publicado por la empresa de seguridad Mcafee.

Cuando comencé a usar WhatsApp me encontré con situaciones desagradables: primero la pobre ortografía y los horrores gramaticales y palabras recortadas de apenas una letra o gente que se enfadaba porque no se había enterado de un plan al no mirar a tiempo una cadena de mensajes en un grupo, desencuentros por no responder con la suficiente velocidad a un mensaje y otras miserias similares. WhatsApp parecía estar logrando el perverso efecto de convertir a gente inteligente en personas torpes y suspicaces.

Los usuarios que utilizan compulsivamente la aplicación, y que con frecuencia esperan una respuesta inmediata a sus mensajes, son los que en gran medida están logrando que WhatsApp provoque dolores de cabeza. Además he percibido que WhatsApp está frenando otras formas de comunicación más directas. Nunca logro explicarme porque alguien que está dialogando conmigo le puede costar tanto hablar en lugar de chatear. Sospecho que se debe en parte a que despersonalizar la comunicación es algo terroríficamente cómodo.

También vi que las relaciones con familiares y amigos en lugar de estrecharse gracias a WhatsApp en ocasiones se diluyen. ¿Qué necesidad hay de hacer una visita si ya hemos dado señales de vida mandando unos cuantos mensajes? Cosas como esta me llevaron a plantearme abandonar WhatsApp.

Decidí dejar WhatsApp durante un mes para hacer una prueba. Después volvería a darme de alta y seguiría usándolo durante otro mes y comparar. De lo que sucediese en esos dos meses dependería mi decisión de abandonar definitivamente o seguir usando el servicio. Les cuento como terminó mi experimento.

Durante mi ausencia continué usando VIBER y SKYPE que aún las uso por sus inmejorables servicios y seguridad. También recurrí a los SMS. Con todo eso observé que, descendió en picada el tiempo que le dediqué a usar mensajería instantánea. Diría que en torno a un 80 o un 90 por ciento.


La primera sorpresa después de mi desconexión vino cuatro días después. Un amigo me llamó para preguntarme por qué me había dado de baja. Algo que me dejó bastante perplejo. Creí entender que detrás de sus palabras en realidad lo que me estaba preguntando era si me encontraba bien.

La segunda sorpresa no tardó en llegar. Un compañero de la empresa para la que estaba haciendo una asesoría me preguntó por qué no respondía a sus mensajes. Eso me desconcertó. ¿Era posible que alguien pudiera seguir mandándome mensajes? Pedí a algunos amigos que intentasen comunicarse con mi cuenta fantasma.

Descubrí que cuando borras tu perfil en WhatsApp las personas que alguna vez han chateado contigo te pueden seguir mandando mensajes. Aunque ya no aparece tu imagen de avatar en el perfil. Como no hay forma de saber que te has marchado de WhatsApp los que te mandan un mensaje piensan que tienes el teléfono apagado. Así descubrí otra de las formas con las que se fomenta que usemos la aplicación.


Un día me sucedió algo curioso. Tuve que retrasar media hora una entrevista y la persona con la que me había citado no tenía encendido el teléfono. Así que le mandé un SMS para decirle que llegaba tarde con la esperanza de que lo leyese. Cuando nos vimos mi interlocutor me dijo con bastante sinceridad que había visto el mensaje. Aunque no había respondido porque no sabía lo que le podía costar mandar un SMS.

Aquello me chocó bastante. Al fin y al cabo enviar un SMS actualmente es gratis con muchas tarifas de abono y por lo que he indagado el precio máximo para enviar uno con una tarjeta de prepago es de $1,50. Así que aquella respuesta me pareció muy excéntrica. Pero esto me hizo entender que en realidad la primera razón por la que muchos usan WhatsApp es puramente económica. ¡Muchas empresas de celulares lo usan como gancho para vender sus abonos y así piensas que ahorras mucho dinero en llamadas! La irrupción brutal de WhatsApp en Colombia y Argentina muy posiblemente ha tenido que ver con la crisis económica.

Durante el tiempo que estuve sin usar el servicio al principio me sentí a ratos aislado. Aunque esa sensación fue desapareciendo poco a poco y descubrí sensaciones que había dejado de experimentar. En alguno de los viajes que realicé solo eché de menos en alguna ocasión mandar una foto o contar algo por WhatsApp, aunque si lo podía hacer por Viber o Skype, eran mínimos los contactos que los usan. Pero también descubrí que era liberador ese silencio.

También utilicé más las redes sociales. Lo que me demostró que WhatsApp hacía que dejase de compartir ciertas cosas en público y las compartiese sólo en privado. Seguramente por eso una de las cosas que está haciendo Twitter para impulsar su crecimiento es potenciar los mensajes privados.


Cuando ya estaba a punto de terminar mi mes sin WhatsApp un día tuve que volver a darme temporalmente de alta. En la empresa que asesoraba se había creado un grupo por el que se iban a canalizar algunas informaciones. Como era importante por el proyecto, volví a instalar la app, me agregaron al grupo y después volví a marcharme durante unos días borrando la aplicación. Aunque en esta ocasión no di de baja mi cuenta para no salir de ese grupo. Cuando tienes muchos contactos las notificaciones son constantes y suele distraer demasiado lo que es un problema cuando estás en el trabajo. Si deseas conectarte para conversar con una sola persona por un problema urgente la aplicación no te da la opción de ponerte invisible, o sea, si te conectas tendrás encima una avalancha de mensajes de todos tus contactos de WhatsApp.

Al no volver a usar de nuevo WhatsApp, me percaté de que había dejado atrás algunos malos hábitos. Como el mantener ciertas charlas personales sobre temas importantes que no es buena idea tratar mediante mensajes. Desde mi desconexión he hecho, por una parte, un uso más práctico de mis conversaciones, y, por otra, un uso más razonable con VIBER y SKYPE.

En definitiva, con mi desconexión he descubierto que al margen del trabajo no había ningún problema para abandonar WhatsApp. Cuando la gente sabe que no lo usas puede que en algún caso te pierdas durante unas horas o días alguna noticia. También puede pasar que algunas personas con las que no mantienes una relación estrecha dejen incluso de comunicarse contigo. En el trabajo la cosa es diferente. En muchas empresas no usar WhatsApp puede ser un problema serio. Así que como no dependo ahora de ninguna empresa no volveré a usarlo.

En tecnología nada es eterno. Ni los productos ni la forma en la que los usamos. WhatsApp al igual que VIBER y SKYPE tiene muchas cosas positivas. La principal, que ha facilitado la comunicación entre las personas con menos recursos económicos. Al fin y al cabo Jan Koum, uno de los fundadores de WhatsApp, era un inmigrante ucraniano que firmó la venta de su participación a Facebook en la puerta del comedor social al que acudía antes de crear este servicio.

A pesar de que este servicio existe desde hace años el proceso de adaptación aún no ha concluido. Es muy probable que tras la borrachera inicial terminemos en el futuro usando la mensajería instantánea de forma un poco más inteligente a cómo lo hacemos hoy. Mientras tanto es mejor no perder la cabeza ni olvidar que casi siempre la mejor comunicación es la que se produce cara a cara.


Si te animas a probar VIBER que sirve tanto para usarlo en el celular como en la computadora al igual que Skype, puedes visitar su página oficial dando clic en la dirección bajo la imagen:



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