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CERRADO POR DEFUNCIÓN

Imagina que un día, cuando llegas a tu puesto de trabajo encuentras la puerta cerrada y un cartel que pone: “Cerrado por defunción”… Esto es más o menos lo que les ocurrió a los protagonistas del cuento para reflexionar que hoy queremos compartir con nuestros lectores. Allá va…

Un día, cuando los empleados de una gran empresa llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero en el que estaba escrito:

“Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de Usted en esta empresa. Está invitado al velatorio que se realizará esta tarde, cuando finalice la jornada laboral, en el área de deportes”.

Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros, pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus compañeros y la empresa.

Miles de rumores se extendieron a la par que un silencio aplastaba el ambiente, nada como la muerte para introducirnos en nuestros pensamientos más existenciales.

Como era época estival, muchas personas estaban de vacaciones por lo que les resultaba muy difícil saber de quien se trataba…

Todos se hacían la misma pregunta ¿quién sería? ¿qué era lo que estaba haciendo para impedir mi ascenso? ¿Sería quizá la jefa de recursos humanos? Eso tendría sentido…

Llego la hora acordada. ¡La agitación en el área deportiva era tan grande que fue necesario llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velatorio!

Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba:

¿Quién será que estaba impidiendo mi progreso? ¡Qué bueno que el infeliz murió!

Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

Conforme el resto de los asistentes veían la cara de quién pasaba por el ataúd el silencio y la ansiedad iban creciendo.

Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo, …cada uno se veía a si mismo reflejado…. con el siguiente letrero:

  • “Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO”!
  • Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida.
  • Tu eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y tu eres la única persona que se puede ayudar a si mismo.”

Desde ese día, la productividad de la empresa creció a un ritmo increíble, el buzón de sugerencias rebosaba… Algunas personas dejaron sus puestos de trabajo porque sintieron que ese ya no era su camino y se despidieron muy agradecidos por las oportunidades que habían recibido y por el empujoncito que les hacía falta para asumir su propia felicidad.

Los que se quedaron explotaron al máximo sus talentos, el trabajo en equipo fue mejor que nunca y en el ambiente dejo de existir la competitividad y la queja….

Sin lugar a dudas si nos ponemos en la situación resultaría de lo más impactante, pero hay veces que sólo escuchamos los mensajes cuando se nos muestran de forma contundente.

En más de una ocasión nos sentimos estancados, como si nuestro combustible hubiera llegado hasta ese punto y nuestra vida fuera a ser por siempre ese lugar en el que estamos ahora, nos guste o no.

Y no es así, nos queda combustible hasta el último segundo de nuestra vida, podemos hacer cambios de dirección, de rumbo, de espacio, de creencias, de relaciones… mientras sigamos respirando.

Sólo que a veces nos hemos metido en un arenas movedizas y ni siquiera somos conscientes de ello, o lo somos pero culpamos a todo lo que nos rodea de no poder salir de allí y es solo a través de un hecho traumático que nos atrevemos a intentarlo.

Solo hay que ver la cantidad de personas que tomaron el control de sus vidas y se autodescubrieron llegando mucho más lejos que el lugar donde se encontraban, después de una grave enfermedad, o después de un despido laboral, una ruptura sentimental impuesta, la muerte de un ser querido…

¿Por qué esperar a que esto ocurra? Por qué esperar a ver la sombra de la muerte o la expulsión obligada de nuestra zona de confort para llegar donde queremos llegar?

Mirate en el espejo y respóndete con sinceridad:

¿Eres quien quieres ser? ¿Estás donde quieres estar? ¿Haces lo que quieres hacer? ¿Estás con quien quieres estar?

Ahora toma a esa persona que no quieres ser, que realmente no eres, entierrala con un dulce beso y cierra por defunción una vida que ya no es la tuya…

“El mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tu encaras la vida es lo que hace la diferencia”.

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